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lunes, 21 de abril de 2008

Sobre las parejas serodiscordantes


Hola Saúl,
Me parece muy interesante el post que has escrito sobre las parejas serodiscordantes. Es una realidad para muchas personas y un tema que se desconoce bastante y sobre todo, resulta muy alentador saber que hay personas que tienen las ideas bastante claras no sólo con respecto a la enfermedad en sí. Sólo me atrevo a hacerte una corrección, VIH no vendría a ser propiamente un eufemismo para SIDA, ambas siglas definen conceptos diferentes: Virus de Inmuno-deficiencia Humana y Síndrome de Inmuno-Deficiencia Adquirida (referido al síndrome de afecciones que definen el desarrollo de la enfermedad bajo determinados criterios clínicos). Yo soy seropositivo desde hace 14 años (caminito de 15) y actualmente llevo, felizmente, en pareja (serodiscordante) tres años. Previamente también tuve otra pareja seronegativa durante 8 años. Ambos supieron mi condición antes de tener ningún tipo de relación, afectiva o sexual, y ambos decidieron libremente que les valía la pena mantener una relación conmigo a pesar de mi enfermedad. No soy, ni demasiado rico, ni demasiado guapo, ni demasiado joven, por lo que intuyo (es más que una intuición, pero resultaría de mal gusto decirlo de otra forma, jeje) que debo poseer otros valores que estas personas habrán visto en mi, otros que se apartan de éstos más demandados en nuestro colectivo, pero ciertamente más efímeros cualquiera de ellos como para sostener a largo plazo una relación que pretenda un mínimo compromiso y madurez. Por cierto, la ruptura con mi anterior pareja no tuvo nada que ver con el vih, ni tampoco porque yo hubiese llegado a mi “fecha de caducidad”, vaya, que no me morí, o en otras palabras: la rutina puede ser más letal que cualquier enfermedad, y mantengo todavía una relación de amistad con él.
En ese sentido me siento en propiedad para hablar sobre algunos de los temas que han suscitado los comentarios dejados en tu blog y que dejan patente como muy bien dices que todavía y por desgracia, las personas que vivimos con esta enfermedad debemos protegernos de la sociedad (esto incluye a muchos homosexuales por supuesto), que a pesar de considerase adultos de pleno derecho, parecen olvidar algunos de sus deberes y actúan irresponsablemente sin preocuparse en obtener información con seriedad, basando sus opiniones en simples rumores y leyendas urbanas. Obviamente como bien dices, todavía la palabra SIDA suscita mucho pánico. La ignorancia sobre ella es, sin duda, la más letal de las dos.
Esto no pretende ser una confrontación pero si, un intento por suscitar algunas reflexiones y traer, en el mejor de los casos, algo de luz sobre el tema ya que visto lo visto en esos comentarios, parece que todavía el tema del sida sigue siendo algo bastante desconocido.

1. Sebastián, me gustó mucho tu comentario pero hablas de limitaciones, supongo que te refieres al condón y yo me preguntó:
¿Acaso ese límite no debería existir igualmente en una pareja de "seronegativos" que mantengan una relación sexualmente abierta o sean infieles o para cualquier adulto responsable, sexualmente activo sin una relación estable, seropositivo o no?
El condón no sólo es barrera para el VIH sino también para muchas otras ETS como la gonorrea, sífilis, clamidias, verrugas genitales, hepatitis, etc. por mencionar unas cuantas. Teniendo en cuenta las cifras de nuevos contagios de muchas de estas enfermedades en los colectivos homosexuales de todo el mundo cabría pensar que hay gente que actúa confiada en el desconocimiento de los verdaderos límites ¿no te parece?

2. Uriel, dices que tener una pareja seropositiva implica un riesgo.
¿No es la vida en si misma un riesgo? Lo importante no es eso, lo importante es como gestiones los riesgos que has de tomar en la vida, en cualquier campo. Montarse en un coche supone un riesgo, el como lo conduzcas es tu responsabilidad, si te matas por imprudente la culpa desde luego no la tuvo el coche…

3. Utilísimo José, me vas a perdonar pero, intentar hacer luz en tu ignorancia sobre el tema resultaría demasiado extenso aunque seguramente ayudaría a solucionar al menos parte de los prejuicios que pareces tener. Baja al mundo, infórmate que es tu responsabilidad y sólo una cosa: existen los seropositivos, los seronegativos y los sero-no-lo-sé. Estos últimos son por mucho, los más peligrosos, no lo dudes. Y recuerda, sólo los que se muestran tan seguros sobre bases tan débiles como las que demuestras tener, son los que por esa falsa ilusión caen antes de esos falsos pedestales que se han construído a toda prisa, sin supervisar a conciencia los materiales con los que se han construído.
4. Johana, dices que "un seropositivo, por más que lleve una vida normal, su interior está sujeto a una serie de conflictos que afectan a su autoestima"
¿No existen conflictos para cualquier homosexual seronegativo que es rechazado por su familia, laboral y/o socialmente por el simple hecho de ser homosexual? Por desgracia esto es una realidad en muchos países del mundo y también son factores que generan conflicto y que influyen más o menos, dependiendo de la propia personalidad del individuo sobre su autoestima. Nadie está libre de conflictos, independientemente de su estado de salud, condición socio-económica, afectiva, por cuestiones de raza o religión o por su orientación sexual. La clave está en cómo resuelvas esos conflictos para que éstos te ayuden a crecer o hagan de ti un desgraciado, el Sida, ni por suerte ni por desgracia, no es prerrogativa única de fracasos vitales.

5. Por último, felicito a Francisco, porque siendo el único comentarista que se dice ignorante demuestra con hechos y realidades que ha sabido superar muchos de estos prejuicios y seguro, muchos más. Mis mejores deseos en tu relación y ya sabes…todavía por desgracia hay muchas barreras que tirar abajo para que esta realidad sea, no ya comprendida, sino simplemente tolerada por muchos…

viernes, 14 de diciembre de 2007

Las aguas vuelven a sus cauces...




No sé muy bien por dónde empezar. No es que tenga nada que decir, o sí.
Creo que la cercanía de la Navidad me pueda estar afectando, puede ser, siempre suele ocurrirme lo mismo. Me pongo un poco tonto, nostálgico y algo melancólico.

Llevo toda esta semana, solo en casa en un plan de reorganizar y ordenar unas cuantas cosas que estaban un poco “salidas de madre”, es decir, el caos que acumulaban superaba mis límites.

Necesitaba tiempo para hacerlas pues últimamente no he estado sintiéndome ni con demasiadas energías para nada ni tampoco la voluntad era mucha. Desde las vacaciones de Esteban en julio tampoco había estado en casa más que los fines de semana y siempre con Esteban, los perros o Marina, lo cual no me dejaba mucho más tiempo disponible que para lo más básico. Sobre ambas mesas del estudio se acumulaban pilas de correo publicitario mezclados con cartas del banco, recibos de luz, teléfono, gas, etc., fotos antiguas, citas de médicos, postales de viajes, cargadores y cables de la cámara, teléfono, GPS; apuntes, ceniceros. Un desorden parecido se extendía por las habitaciones, el salón y la cocina, además de montones de ropa sucia en la cesta, lavadora y maleta; incluso en el coche tenía papeles acumulados y sin revisar, tirados por todas partes.

En parte este desarreglo influyó y mucho en mis continuas pérdidas de cualquier cosa en cualquier momento, llaves, la férula, gafas, “costo”, etc. Además de citas con los médicos últimamente en tres ocasiones, amén de otros múltiples olvidos menores que llegaron a hacer la situación un tanto insufrible, al punto que ya las ideas del DNC (
síndrome de deterioro neuro-cognitivo, asociado al vih) empezaron a rondar mi cabeza, logrando únicamente empeorar mi estado de ánimo.
Todavía no he terminado con esta labor de ordenar y ponerme al día con cosas pendientes, aunque ya he dado algunos pasos; simplemente he descartado todo aquello inútil de lo que tengo que guardar y ordenar. ¡Llené 6 bolsas de basura! Ahora sólo falta clasificar y archivar lo que sirve, algo está hecho. Cuando termine, tocará reubicar algunos muebles y bajar otros al trastero, por último, una buena limpieza a fondo para dejar todo preparado para Navidad.
Antes decía que estaba solo en casa, porque en ese plan de “reorganización” que me planteaba, hubo una conversación con Esteban explicándole mi plan (quizás demasiado vehementemente por mi parte dada la urgencia de solución y la incomodidad interior que me producía todo esto).
Moverme casi a diario entre dos ciudades, aunque cercanas, son 75 Km. de distancia, para solucionar cualquier trámite, en ocasiones tenía que hacer viaje de ida y vuelta en el mismo día pues al llegar a un lado me acordaba que había olvidado algo en el otro.
Esto además de mucha energía, requería una eficiencia que no estaba teniendo al sentirme sobrepasado con tantas cosas. Terminaba bloqueándome con la sensación de no haber hecho nada y completamente agotado. Además de los costos añadidos de autopista y gasolina claro, que todo hay que tenerlo en cuenta. Decididamente el
stress y el vih no son compatibles. ¡Qué diferencia cuando realizas mucha actividad de forma placentera, sin prisas, entonces nada cansa…!
Así que, en esa conversación con Esteban hemos decidido que aunque para ambos resulte difícil estar separados, tenemos que asumirlo como algo que eventualmente puede ocurrir. Ni yo podría fácilmente hacer un traslado total a su casa ya que no tendríamos el espacio suficiente, supondría además para mí, hacer un cambio de médicos e historial clínico, etc.; ni él tampoco a la mía por su trabajo. Así que de alguna forma nos vemos obligados, al menos por ahora a, según surjan las cosas, que yo me tenga que pasar algunas temporadas cortas en Coruña, para poder resolver asuntos sin sentirme demasiado presionado con el tiempo. No nos gusta a ninguno de los dos pero forma parte de nuestras circunstancias personales. Al mismo tiempo, nos permite evitar la monotonía de la rutina diaria y nuestros reencuentros pienso que tendrán un “extra” añadido de placer.
La próxima visita de Tamara y Roberto para Navidades también me obligaba a preparar algunas cosas: tuve que comprar una de esas camas hinchables para ellos (de esas que anuncian en los programas de madrugada en TV), pues en total seremos 6 personas en el apartamento sin contar los dos perros, y para la cena de nochebuena estaremos 9 personas. ¡Uff, qué horror, con lo que me gustan a mi estas movidas en casa!. El sábado volveré a mirar con más detalle unas sillas nuevas, otra cosa más, y quiero mirar también un mantel con motivos navideños, servilletas a juego y una cubertería chula.

Hoy por la mañana tuve que madrugar para hacerme análisis de control de colesterol que había acordado con Francisco (mi médico general), tenía que haber sido el lunes pasado pero ya que la noche anterior había sido de insomnio, organizando este planning, quedó pospuesto para hoy. Más tarde, de vuelta en casa y después de comprar la cama y barniz para repasar los alfeizares de las ventanas que estaban ya completamente quemados por el sol, me puse a montar el árbol de navidad para darle un aire más festivo a la casa. Al terminar me di cuenta que necesitaba algunos adornos más, pues como siempre suele ocurrir, desaparecen de un año para otro, y aún me falta un detalle para la puerta de entrada. ¡¿Qué le voy a hacer?, soy una persona de extremos, o todo o nada!. No creo para nada en estas fiestas, me parecen deprimentes, traen demasiados recuerdos. Yéndome al otro extremo intento dejar todo eso en segundo plano, así que aprovechando el impulso me fui otra vez a comprar los adornos y algo de cenar. De regreso a casa terminé de colocar nuevamente el árbol.
Poco a poco he ido logrando ese orden que todos, en nuestra medida particular necesitamos y que nos permite jugar con los equilibrios de la normalidad, si es que tal cosa existe. Lo cierto es que lo hasta ahora hecho, no mucho comparado con lo que me falta y las ideas nuevas que me van surgiendo a medida que voy haciendo las cosas, me han sacado de ese marasmo que me consumía por dentro y sólo lograba ponerme de mal humor